Un destino marcado por la tragedia
La vida de Rocío Charneco, una mujer de 36 años, dio un giro inesperado y devastador en un instante. El accidente de Adamuz, que se cobró la vida de su pareja, José María, dejó a Rocío con secuelas físicas y emocionales que aún hoy marcan su día a día.
El fatídico día, Rocío viajaba en el tren Alvia, regresando a Huelva. Su último recuerdo antes del impacto es vago: “Me monté en el vagón 1 e iba tranquila con el móvil”, recuerda. Sin embargo, todo cambió cuando el tren frenó abruptamente. “Del golpe me quedé inconsciente”, confiesa.
A su despertar en la UCI del Hospital San Juan de Dios de Córdoba, se enfrentó a una dura realidad: había sobrevivido, pero las lesiones eran graves. Pasó dos semanas en coma inducido debido al dolor intenso que sufría por múltiples fracturas y heridas.
A pesar del dolor físico, lo que más pesa sobre Rocío son las preguntas sin respuesta. “Me sigo preguntando cómo es que estoy aquí viva”, dice con incredulidad. La suerte jugó un papel crucial; fue expulsada del vagón y cayó en un hueco, lo que le salvó la vida al evitar ser aplastada por el tren.
Aun así, las secuelas son evidentes. “No puedo caminar con normalidad; mi pierna izquierda no soporta peso”, explica mientras intenta adaptarse a su nueva realidad tras regresar a casa después de semanas hospitalizada.
No solo las heridas físicas han dejado huella en Rocío; también enfrenta una batalla emocional complicada. Reconoce tener “días mejores y días peores” mientras lidia con el trauma del accidente y la pérdida de su pareja. “Al no acordarme de nada, eso me duele profundamente”, comparte.
A medida que avanza en su proceso de recuperación, Rocío mantiene una firme determinación: conocer la verdad detrás del accidente. “Hasta que no se sepa la verdad y paguen los culpables no me voy a quedar tranquila”, afirma con convicción.
A pesar del dolor y las dificultades, Rocío destaca el apoyo recibido desde los servicios de emergencia hasta los recursos médicos necesarios para su rehabilitación: andadores, sillas y atención psicológica han sido fundamentales en este difícil camino.



