Un giro inesperado en la vida de Fidel Sáenz
El 18 de enero marcó un antes y un después en la vida de Fidel Sáenz. En un viaje en el tren Alvia que regresaba a Huelva, su familia se vio envuelta en un trágico accidente en Adamuz, Córdoba. La angustia y la incertidumbre lo acompañaron mientras conducía hacia el lugar del siniestro, sin saber el estado de su madre, su hermano, sus hijos y su sobrino.
A meses del accidente, y tras las críticas dirigidas al 112 y al 061, Fidel decidió compartir su experiencia. Con una voz firme pero serena, expresó: “No estamos de acuerdo con esas declaraciones”. Su relato pone en evidencia la importancia del trabajo realizado por los servicios de emergencia aquella noche fatídica.
A medida que avanzaba hacia Córdoba, recibió constantes actualizaciones desde los servicios médicos. “Los propios médicos y enfermeros me llamaron”, recuerda. Gracias a esta comunicación constante, pudo dirigirse directamente a los hospitales donde estaban siendo atendidos sus familiares. Sin embargo, no todas las noticias fueron positivas; finalmente le confirmaron que su madre había fallecido en el accidente.
A pesar del dolor personal que enfrenta, Fidel se opone a las críticas hacia los profesionales que trabajaron esa noche. “Han estado al pie del cañón y se han dejado la piel”, afirma con convicción. En cambio, dirige su atención hacia las causas del descarrilamiento, señalando fallos previos relacionados con el mantenimiento de las vías por parte del Ministerio de Transportes, Adif, y Renfe.
A pesar de la tragedia vivida, Fidel destaca el apoyo recibido por parte de representantes institucionales como el presidente de la Junta,Juanma Moreno, y otros funcionarios locales. Para él, estas visitas representaron “un rayo de luz” durante momentos oscuros. Sin embargo, lamenta la falta de contacto por parte del Gobierno central respecto al bienestar familiar.
Sáenz también advierte sobre el riesgo de convertir esta tragedia en un enfrentamiento político: “No se puede politizar con algo tan trágico”. Su mensaje es claro: quienes estuvieron allí para ayudar no deben ser señalados como responsables. “No todo vale cuando detrás hay tanto dolor”, concluye.



