Un recurso vital en manos de expertos locales
En el corazón de Almonte, donde la naturaleza y la actividad humana se entrelazan, la gestión del agua es un arte que pocos conocen. Aqualia, empresa encargada del Servicio Municipal de Aguas en Matalascañas y El Rocío, lleva más de 30 años asegurando que este recurso esencial llegue a cada hogar y negocio. Con un equipo compuesto únicamente por profesionales almonteños, esta labor se convierte en una tarea profundamente arraigada en la comunidad.
El proceso comienza a unos 50 metros bajo tierra, donde el agua es filtrada naturalmente por las capas geológicas antes de ser extraída. Este método garantiza una calidad excepcional que no requiere tratamientos químicos complejos; solo una cloración preventiva antes de su distribución. Kilómetros de tuberías subterráneas forman un sistema circulatorio que transporta miles de litros diariamente, atendiendo tanto a residentes como a turistas que visitan esta zona privilegiada.
No obstante, el viaje del agua no termina al desaparecer por el desagüe. Una vez utilizada, entra en la red de saneamiento que conduce a las estaciones depuradoras. En Matalascañas y El Rocío, este proceso es crucial para proteger el entorno ecológico vinculado a Doñana. La modernización reciente de la depuradora en Matalascañas, con una inversión cercana a los cuatro millones de euros entre 2012 y 2013, ha sido fundamental para mantener estos estándares ambientales.
Uno de los momentos más críticos para la gestión hídrica ocurre durante la famosa romería del Rocío. En cuestión de días, la población local se multiplica exponencialmente, pasando de 2500 residentes a casi 6 millones de visitantes. Durante este evento masivo en 2026, se distribuyeron cerca de 58 millones de litros de agua potable y se gestionaron casi 49 millones en aguas residuales. Este despliegue logístico requirió un equipo técnico dedicado y disponible las 24 horas para garantizar que todo funcionara sin contratiempos.
A pesar de su importancia crítica, la gestión del agua rara vez recibe reconocimiento público. Sin embargo, es fundamental para sostener no solo la vida diaria sino también el turismo y las actividades económicas locales. La labor constante y muchas veces invisible realizada por los trabajadores locales asegura que tanto Almonte como sus alrededores puedan disfrutar plenamente tanto del mar como del campo.



