Una polémica que sacude a El Rocío
La aldea de El Rocío, conocida por su fervor religioso y tradiciones arraigadas, se encuentra en el centro de una controversia tras la instalación de piscinas hinchables en sus calles durante la celebración del Rocío Chico. Esta situación ha generado un fuerte malestar entre los vecinos, quienes consideran que estas acciones atentan contra el respeto y la convivencia en su comunidad.
La controversia comenzó cuando una vecina decidió expresar su indignación a través de las redes sociales. En su publicación, denunciaba haber encontrado por cuarta vez piscinas colocadas en medio de la vía pública, donde personas las utilizaban como si fueran parte de sus hogares. «Estamos en El Rocío. Y no, aquí no todo vale», afirmaba con firmeza.
La autora del mensaje subrayó que este tipo de comportamientos representan una falta de respeto hacia el municipio y sus tradiciones. «La calle no es una piscina. Y El Rocío no es un parque acuático», insistió, haciendo un llamado a los visitantes para que respeten el entorno y las costumbres locales. Además, propuso que estas conductas sean incluidas en la Ordenanza de Convivencia Ciudadana, sugiriendo que deberían ser sancionadas para evitar futuros incidentes.
Poco después de que se hiciera viral esta denuncia, la Policía Local de Almonte intervino para retirar varias piscinas instaladas sin autorización municipal. A través de sus redes sociales, emitieron un comunicado titulado «La vía pública no es una piscina particular», recordando a los visitantes que cualquier instalación privada requiere permiso del ayuntamiento.
Los agentes también hicieron hincapié en que existen normas de convivencia y civismo incluso durante festividades como el Rocío Chico. En su mensaje instaron a los visitantes: «Si no pondrías una piscina en plena calle de tu pueblo o ciudad, tampoco lo hagas aquí». Este recordatorio busca preservar el carácter único y tradicional del lugar frente a actitudes que podrían considerarse irrespetuosas.
A medida que El Rocío continúa recibiendo miles de visitantes cada año, queda claro que mantener un equilibrio entre hospitalidad y respeto por las tradiciones locales es fundamental. La comunidad espera poder disfrutar plenamente de sus festividades sin sacrificar lo que hace especial a su hogar.



