Un nuevo horizonte energético para Europa
En un contexto global marcado por tensiones geopolíticas y desafíos en las cadenas de suministro, Europa se encuentra en una encrucijada crucial. Un reciente informe titulado ‘¿Por qué Europa necesita las moléculas verdes?’, elaborado por Moeve en colaboración con PwC, destaca cómo estas innovadoras soluciones energéticas pueden transformar el panorama energético del continente.
El análisis sugiere que, mediante la implementación de moléculas verdes como el hidrógeno renovable y sus derivados, así como biocombustibles avanzados, Europa podría reducir su dependencia energética exterior del 57% al 28% para el año 2040. Este cambio no solo fortalecería la seguridad energética del continente, sino que también impulsaría su competitividad industrial y contribuiría a los objetivos de descarbonización establecidos en el marco del Green Deal europeo.
Las moléculas verdes son especialmente relevantes para sectores difíciles de electrificar, como la industria pesada y el transporte a larga distancia. Actualmente, estos sectores representan entre el 20% y el 25% de la demanda total de energía primaria en Europa. La adopción masiva de estas tecnologías podría resultar en una reducción significativa de hasta un 22% en las emisiones de CO2 para 2050.
A pesar del llamado “green premium”, que actualmente encarece estas tecnologías, se espera que los costos disminuyan con el tiempo. A medida que aumenten los precios del carbono y se reduzcan los costos asociados a las energías renovables, se prevé que biocombustibles como el HVO alcancen paridad con combustibles fósiles hacia finales de esta década.
Para maximizar el potencial de las moléculas verdes, es esencial una colaboración estrecha entre gobiernos e industrias. El informe subraya varias prioridades estratégicas: establecer marcos regulatorios claros, crear mecanismos económicos que faciliten la transición inicial y escalar infraestructuras necesarias para la producción y almacenamiento.
Los expertos coinciden en que esta década será fundamental para sentar las bases necesarias que permitan un despliegue efectivo y a gran escala de soluciones energéticas sostenibles. Las inversiones adecuadas no solo asegurarán la competitividad económica a largo plazo, sino que también posicionarán a Europa como líder global en la lucha contra el cambio climático.



