Un rincón con solera en el corazón de Huelva
Hablar de Los Cuartelillos es hablar de Huelva, de su gente, de sus costumbres y de ese arte de vivir que solo se entiende cuando uno se sienta en su barra, pide una cerveza bien fría y se deja llevar por las historias que flotan en el aire. Este bar, que comenzó como una pequeña taberna de barrio, ha ido creciendo en leyenda y cariño generación tras generación, hasta convertirse en uno de los emblemas más queridos de la ciudad.
Los orígenes: de Bonares a Huelva, con vino blanco y mucho tesón
La historia de Los Cuartelillos arranca en 1957, cuando José María Pérez Velo y Salomé Díaz García, naturales de Bonares, decidieron buscarse la vida en Huelva. Como tantos otros bonariegos, llegaron a la capital con una maleta llena de sueños, muchas ganas de trabajar y, por supuesto, una buena dosis de vino blanco de la tierra, que José María se encargaba de vendimiar y aderezar personalmente.
El primer local, una modesta taberna, se ubicaba en la esquina de la antigua calle Moguer con la calle Valverde, en el barrio del Matadero. Allí, entre barriles de vino, un mostrador de madera y estanterías repletas de botellas, la familia Pérez Díaz empezó a forjar lo que sería mucho más que un simple bar: un punto de encuentro para vecinos, amigos y curiosos. El ambiente era tan acogedor que más de uno salía del local convencido de que había estado en el salón de su propia casa (y con algún cuartillo de más, para qué engañarnos).
“Aquí se estaba de puta madre. Con un entorno idílico, patrimonio artístico nacional, como es el Barrio Obrero, buenos precios, buena calidad y la cerveza super fría. Además yo siempre he tenido la buena costumbre de que la gente aquí se sintiera como en casa.”
- Juan Antonio Pérez Díaz, heredero de Los Cuartelillos
El nombre: ¿Cuartelillos o Cuartillos?
El nombre del bar tiene su propia leyenda. Hay quien dice que viene de unas humildes viviendas con patio central, conocidas como “los cuartelillos”. Otros aseguran que era por unas casetas de pequeñas dimensiones que recibían ese nombre. Lo que está claro es que, sea cual sea el origen, el nombre se quedó grabado en la memoria colectiva de Huelva.
El traslado y la consolidación: de la calle Moguer a Roque Barcia
Como en toda buena historia, no todo fue vino y rosas. Un día, el Ayuntamiento decidió expropiar las viviendas de la zona y la calle Moguer desapareció del mapa. Pero la familia Pérez Díaz, lejos de rendirse, encontró un nuevo local en la calle Roque Barcia, donde el bar reabrió sus puertas el 18 de junio de 1974.
Aquí empieza la segunda vida de Los Cuartelillos, ya con una clientela fiel y una reputación en alza. El local, más amplio, permitió que el bar se convirtiera en un auténtico foro social: peñas de amigos, parroquianos de toda la vida, estudiantes, artistas, políticos y hasta alguna que otra celebridad local han pasado por sus mesas. Y, por supuesto, no faltaban nunca las tapas caseras de Salomé y el vino de Bonares, que seguía corriendo como si no hubiera un mañana.
La revolución de los estudiantes y el famoso “muro”
El verdadero salto de Los Cuartelillos llegó a finales de los años 70 y principios de los 80, cuando Juan Antonio Pérez Díaz, hijo de los fundadores, empezó a traer a sus compañeros de magisterio al bar. Lo que comenzó como una reunión de estudiantes se convirtió en una auténtica religión: el boca a boca hizo que cada vez acudiera más gente joven, que pronto adoptó el famoso “muro” del Barrio Obrero como extensión natural del local.
El muro, ese murete de la acera de enfrente, se transformó en un foro variopinto y multitudinario, donde se mezclaban generaciones, estilos y muchas ganas de pasarlo bien. Tanto fue así que, en 2009, el Ayuntamiento tuvo que poner orden y limitar el uso del espacio, pero para entonces el mito ya era imparable.
Tradiciones, anécdotas y personajes ilustres
Si algo ha caracterizado siempre a Los Cuartelillos es su ambiente familiar y cercano. Aquí, todo el mundo tiene nombre y apellidos, y si no, Juan se los pone. No es raro ver fotos de varias generaciones juntas, o encontrarse con personajes tan dispares como la modelo Laura Sánchez, los cantaores Arcángel y Estrella Morente, o concejales de todas las épocas.
Una de las tradiciones más bonitas del bar es la de regalar una flor a todas las mujeres que entran durante un periodo del año. Un detalle que empezó hace más de treinta años y que sigue emocionando a quienes lo reciben. Porque en Los Cuartelillos, la amabilidad y el buen rollo no son postureo, son la base de la casa.
“El éxito de un bar, con los cimientos de ese trabajo y perseverancia marca de la familia Pérez Díaz, se alcanza con una adecuada combinación de calidad en lo que se sirve, buen precio y proximidad personal.”
- Juan Antonio Pérez Díaz
El secreto del éxito: calidad, precio y mucha humanidad
¿Y cuál es el secreto para sobrevivir a varias generaciones de clientes, modas y hasta sistemas políticos? Según Juan, la receta es sencilla: buena calidad, precios ajustados y, sobre todo, cercanía. Aquí no hay trampa ni cartón, solo ganas de que la gente se sienta a gusto y vuelva una y otra vez. Y si encima te llevas un montadito de carne mechá -auténtico patrimonio de Huelva- mejor que mejor.
La familia cuartelillera: tres generaciones y un legado vivo
Los Cuartelillos no sería lo que es sin la familia que lo ha mantenido en pie contra viento y marea. Tras el fallecimiento de los fundadores, la segunda generación, encabezada por Juan, tomó el relevo y supo adaptarse a los nuevos tiempos sin perder la esencia. Ahora, son los sobrinos Juanjo y Alberto quienes llevan el timón, junto a Gonzalo y las hermanas Salomé y Manolita, demostrando que el espíritu cuartelillero sigue más vivo que nunca.
Y es que, como dice el propio Juan, “soy millonario en amigos”. No hay homenaje suficiente para alguien que ha dedicado su vida a hacer feliz a la gente, a crear comunidad y a defender la cultura onubense desde la barra de un bar. Su casa, justo encima del local, ondea banderas de causas sociales y está llena de cuadros de artistas locales, porque aquí el arte y la vida se mezclan sin complejos.
El menú de la felicidad: tapeo, cerveza fría y montaditos de leyenda
No se puede hablar de Los Cuartelillos sin mencionar su carta. Aquí el tapeo es casi una religión, con más de 50 tapas -la mayoría por menos de cinco euros- y una selección de montaditos que harían llorar de emoción a cualquier foodie de Instagram. El más famoso, sin duda, es el montadito de carne mechá, que la Guía Repsol ha calificado como patrimonio de Huelva.
Pero no todo es comer y beber. En Los Cuartelillos se viene a charlar, a reírse, a celebrar y, de vez en cuando, a filosofar sobre la vida. Porque, como diría cualquier cuartelillero de pro, “aquí se viene a estar de puta madre”, y eso no hay guía ni influencer que lo pueda explicar.
Momentos clave en la historia de Los Cuartelillos
| Año | Evento destacado |
|---|---|
| 1957 | Apertura del primer local en calle Moguer |
| 1974 | Traslado a la calle Roque Barcia |
| Finales 70 | Llegada masiva de estudiantes y nacimiento del “muro” |
| 2009 | Restricción del uso del muro por el Ayuntamiento |
| Actualidad | Tercera generación al frente y reconocimiento local |
Un bar, muchas historias y un futuro asegurado
Decir que Los Cuartelillos es solo un bar sería quedarse muy corto. Es un pedazo de la historia de Huelva, un refugio para los que buscan buena compañía y mejor ambiente, y una escuela de vida para quienes han pasado por su barra. Ha resistido crisis, cambios de barrio, pandemias y hasta la retirada del mítico muro, pero sigue ahí, como un faro para los amantes del tapeo y la buena charla.
Así que, si alguna vez pasas por Huelva y te preguntas dónde late el corazón de la ciudad, no lo dudes: entra en Los Cuartelillos, pide una cerveza bien fría, un montadito de carne mechá y déjate llevar. Quién sabe, igual sales de allí con una flor en la solapa y una historia más que contar.


