Una historia de juventud y sueños truncados
Amalia Damonte fue una joven que quedó en la memoria por su vínculo con Jorge Bergoglio durante su infancia en Buenos Aires. Ambos crecieron en el barrio de Flores, compartiendo juegos y primeros bailes, en un entorno familiar de inmigrantes italianos. Desde pequeños, demostraron un interés común por ayudar a los demás, formando un lazo basado en la inocencia y el cariño.
En 1948, con apenas 12 años, Bergoglio escribió una carta a Amalia expresándole su deseo de casarse con ella y prometiéndole una vida juntos. En esa misiva, también dibujó una casa idealizada para su futura familia. Sin embargo, esta carta fue interceptada por los padres de Amalia, quienes no aprobaron aquella relación temprana y le advirtieron a su hija que no volviera a ver al joven.
Años después, a los 21 años, Jorge Bergoglio ingresó al seminario jesuita en Villa Devoto para seguir su llamado espiritual. La historia personal de Amalia continuó alejada del mundo eclesiástico; se centró en su familia y crió a cuatro hijos sin volver a hablar públicamente del amor infantil que compartieron en la niñez.
A lo largo de los años, Amalia Damonte mantuvo siempre un perfil discreto respecto a aquel romance juvenil. Su historia revela aspectos humanos y sencillos del Papa Francisco: una persona risueña y auténtica que conservó esa sinceridad junto a sus responsabilidades religiosas hasta el final.


