Sucesos

Gracias Adamuz. Gracias Andalucía

Una carta emotiva que rinde homenaje a la solidaridad extraordinaria de Andalucía tras la tragedia ferroviaria de Adamuz. Un testimonio sincero de cómo la humanidad brilla en los momentos más oscuros, recordando a las víctimas y celebrando el coraje de quienes ayudaron sin preguntar.

Manuel de Vega 7 min de lectura 1 comentarios

A los pueblos que no se olvidan, a los hombres y mujeres que responden cuando todo se quiebra, a una tierra que sostiene a sus hijos incluso en la peor oscuridad.

Querida Adamuz, querida Andalucía.

Escribo estas líneas desde Huelva, que también sangra. Desde una tierra que vio partir a sus hijos en ese tren que iba hacia casa y que nunca llegó. El domingo pasado, a las 19:45 de la tarde, no solo Córdoba recibió una herida. Toda Andalucía se la llevó. Cuarenta y una vidas interrumpidas en dos trenes que se encontraron en la peor de las formas. El Iryo que viajaba desde Málaga hacia Madrid. El Alvia que salía desde la capital rumbo a Huelva, llevando en sus vagones a padres, hijos, trabajadores, gente como la nuestra que solo quería regresar a casa. Ciento cincuenta y dos heridos que aún portan en sus cuerpos el peso de esos veinte segundos malditos.

Pero hoy no quiero hablar de la tragedia. Quiero hablar de vosotros.

Porque en esa noche de enero en la que los termómetros bajaron a dos grados, cuando los rescatadores se sumergían en la oscuridad buscando supervivientes entre los restos de acero retorcido, el pueblo de Adamuz —apenas cuatro mil almas— se levantó como un solo cuerpo. No preguntasteis si era vuestro deber. No esperasteis a que nadie os lo pidiera. Simplemente, cuando escuchásteis las sirenas de las ambulancias, cuando visteís los mensajes en los grupos de WhatsApp, os pusisteis en movimiento.

Gonzalo, un vecino más, recorrió kilómetros en la oscuridad con una linterna, describiendo después como «dantesco» lo que veían sus ojos. Javier no pensó dos veces antes de coger su quad —uno de los pocos vehículos que podía atravesar aquella zona inaccesible— y rescatar a dieciséis personas que estaban atrapadas. «Lo pudo hacer cualquiera», dice con la humildad de quien sabe que la verdad humana es otra: no todos lo hubieran hecho.

Petra abrió las puertas de la hermandad y cocinó caldo caliente, bocadillos, café. No para una o dos personas. Para todos. Para los voluntarios de Cruz Roja, para los periodistas, para los trabajadores que no paraban de cavar en aquella noche sin fin. Para las familias que aguardaban noticias que nunca llegaban.

Manuel García recibió una llamada de su hijo desde el caos. Sin pensarlo, llamó a su padre para que viniera con el todoterreno. «Trae todo lo que puedas», le pidió. Y vuestros ancianos, vuestras mujeres, vuestros jóvenes, todos bajaron a las carreteras cortadas con mantas en los brazos, intentando tapar una herida que era demasiado grande para cualquier tela, pero que necesitaba, aún así, de ese calor humano.

Amalia León Muñoz, trabajadora social de Cruz Roja y natural de Adamuz, formó parte de los equipos psicosociales que permanecieron junto a las familias. Ella sabía lo que hacer porque lo llevaba en la sangre: acompañar el dolor ajeno como si fuera el propio.

Rafael Moreno, vuestro alcalde, lo dijo con palabras que merecen ser recordadas: «El pueblo se ha volcado ejemplarmente, mostrando todo su apoyo». Y no solo Adamuz. En Villafranca, el pueblo vecino, Carmen y su pareja cogieron todas las mantas de su casa y pararon a la Guardia Civil en una rotonda para entregarlas. En Córdoba, en Sevilla, en Málaga, en Huelva —mi Huelva—, la Cruz Roja desplegó agua y mantas. Decenas de familias se ofrecieron para acoger a los supervivientes. En las redes sociales, en Facebook, en Instagram, en X, miles de desconocidos compartían información, buscaban a sus seres queridos, rezaban en voz alta a través de pantallas.

Fue el roto del carril lo que causó el accidente, dicen. Una junta defectuosa que llevaba tiempo desgastándose en silencio. Pero no fue rotura de corazones lo que vimos en esos momentos. Fue lo contrario: fue solidaridad. Fue pueblo. Fue Andalucía.

Porque eso somos, ¿verdad? Somos la tierra de los olivares que permanecen aunque todo caiga alrededor. Somos la gente que no pregunta, que actúa. Somos los que entendemos que cuando el dolor toca a la puerta, la única respuesta posible es abrir las puertas de par en par y dejar que entre la humanidad.

He leído historias que rompen el alma: la familia de Punta Umbría, cinco miembros en ese Alvia que viajaba hacia Huelva, de los que solo una niña de seis años sobrevivió. Otras familias de Isla Cristina y Gibraleón también viajaban en ese mismo tren que nunca llegó a casa. Ricardo Chamorro, que volvía de ayudar a sus alumnos en sus exámenes a funcionario de prisiones. Una periodista y su pareja que viajaban juntos. Un policía nacional. Otros tantos en el Iryo que partió de Málaga sin saber que no llegarían a su destino. Historias que seguirán siendo historias, porque eso es lo que hace el dolor: nos deja con historias incompletas.

Pero junto a esas historias, que duelen y seguirán doliendo, hay otras que brillan.

La de Gonzalo, que dice humildemente que no quiere ser el centro de atención porque «es un vecino más». La de Petra, sirviendo caldo mientras temblaba por los que no podía salvar. La de Manuel García, movido por una simple llamada de su hijo. La de Carmen, con sus mantas en la madrugada heladora. La de Amalia, sentada junto a familias destrozadas simplemente porque entendía, visceralmente, que ese era su lugar.

Eso es lo que necesitaba escribir. Eso es lo que el mundo necesita saber: que cuando todo se rompe, Andalucía no se quiebra. Se alza. Se une. Se convierte en lo que siempre ha sido: una tierra de gente grande.

A vosotros, los voluntarios sin nombre que llegasteis a Adamuz llevando agua y calor. A vosotros, los servicios de emergencia que trabajasteis sin dormir. A vosotros, los vecinos que transformasteis el dolor en acción. A vosotros, las familias que perderíais para siempre a alguien pero seguiríais ayudando a otros. A Huelva, que despidió a sus hijos en ese Alvia y recibió un vacío en su lugar. A Córdoba, a Málaga, a Sevilla, a todos los pueblos de Andalucía que compartimos este dolor.

Gracias, Adamuz. Gracias, Andalucía. Gracias por recordarle a España quiénes somos. Gracias por demostrar que en los peores momentos, la humanidad no se extingue: brilla.

Vuestro dolor es nuestro. Vuestra dignidad, también. Y esa manera que tenéis de responder cuando todo cae, esa es la razón por la que vivimos en la tierra más hermosa de este país. No porque no nos toquen tragedias, sino porque cuando llegan, nos tenemos los unos a los otros.

Que descansen en paz los cuarenta y uno. Que se recuperen los ciento cincuenta y dos heridos. Y que Adamuz sepa que su ejemplo de solidaridad quedará para siempre grabado en la memoria de quienes tuvimos el privilegio de verlo.

Con admiración y dolor,
Una persona que cree en su pueblo.

En memoria de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, Córdoba. 18 de enero de 2026.

Manuel de Vega
Manuel de Vega

Nacido en el corazón de la Sierra de Aracena, Manuel de Vega lleva seis décadas respirando Huelva en cada palabra. Escritor costumbrista, cronista local y amant… Ver más

1 comentario

  1. Susana
    Susana Responder

    Bonitas palabras que describen el interior de los andaluces.

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